EL LABORATORIO DE LA REALIDAD
La Ironía del Inicio
En el año 2003-2004 aprox. Mi vida giraba entorno al Karate; ostentaba un cinturón café. Pero la disciplina del tatami no me generaba dinero para subsistir. Estaba solo, sin apoyo y sin trabajo, un día en el dojo después de entrenamiento, me conto un compañero que necesitaban guardias de seguridad en un lugar nocturno, obviamente le preste atención y pedí los detalles para poder in a ver si obtenía trabajo. sin haber comido nada y sin descanso llegue al lugar, me presente y me contrataron esa misma noche, era una discoteca de no muy buena reputación en el centro de la ciudad (Pto. Montt). irónicamente el lugar que me enseñaba la paz me abrió la puerta a la violencia.
No hubo tiempo para adaptaciones. Apenas a la cuarta o quinta noche de haber sido contratado, ocurrió lo que me marcaría para siempre. Mi puesto era un punto crítico: el descanso entre dos escaleras, una que subía (desde el acceso) y otra que continuaba hacia arriba (al piso del bar). Era un espacio reducido de apenas un metro por un metro y medio. Un embudo cuántico con poca luz, donde yo estaba literalmente expuesto al clima, esa noche yo venía del entrenamiento que había sido bastante duro, vestía jeans, zapatos, chompa y un abrigo largo, ropa que no siempre era cómoda para combatir. En esa estrechez y debilidad física, un hombre corpulento en estado de ebriedad intentó forzar su entrada. Aguanté insultos y denigraciones todo lo que pude, mi trabajo era simple pero a la vez muy complicado, cuidar el acceso al local y decidir quien entraba y quine no, pero ese hombre cuando me lanzó un escupitajo a la cara, la palabra murió. Me abrazó con fuerza animal, bloqueó mis brazos y ambos rodamos escalera abajo. En esa caída experimenté algo que nadie me enseñó en el Dojo: mis manos se sintieron de piedra y mis piernas de lana. Sentí un miedo profundo y náuseas biológicas. Por puro instinto de supervivencia, liberé una mano y le hundí los dedos en las cavidades oculares hasta sentir cómo las membranas y fluidos cedían. El hombre soltó un grito desgarrador de agonía pura. Se levantó como pudo y se perdió en la oscuridad. Me quedé solo, con el olor de sus fluidos en mis manos, mi empleador observo todo fríamente y las personas seguían llegando a la entrada, yo fingí que no había sido nada y seguí trabajando, pero mi sistema nervioso quedó marcado para siempre.
El Samurái y el Ninja: Una Hermandad en el Caos
En ese infierno trabajaba con un hermano de vida, un gran amigo y compañero de Karate. Éramos una "yunta" inseparable. A mí me decían "el Samurái": hablaba poco, actuaba más y nunca buscaba el conflicto; yo ponía la cara de frente, con integridad. Él era "el Ninja": su estilo era lo traicionero y sorpresivo; buscaba activamente la pelea. Por lealtad inquebrantable, yo terminaba siempre metido en sus batallas, defendiéndolo en conflictos que él mismo iniciaba.
La Advertencia y la Trampa de la Vanidad
Tras mis primeras intervenciones, un amigo me dio una advertencia que se grabó a fuego: "Ten cuidado Sergio, porque vas a ser como el perro que prueba sangre por primera vez; después se acostumbra y no la deja". Y así fue. Entró el veneno del ego y la falsa superioridad o seguridad. Me convertí en una especie de estrella de rock del submundo: mujeres, falsos amigos y tragos de cortesía. La vanidad me hizo creer que era alguien importante, cuando en realidad me estaba hundiendo en una decadencia que nublaba mi juicio.
La Evolución Forzada: La Realidad Antiestética
Durante casi dos años, la violencia fue mi sombra: tuve prácticamente todas las noches uno, dos o más atracos. creo que muchas veces, los clientes amigos o cercanos en ese local me veían como alguien invencible, porque afortunadamente muy pocas veces me tocaron siquiera en todos los altercados que hubieron, pero creo fue algo mas simple, lamentablemente me acostumbre a la violencia y normalicé el conflicto y me impregne en un mundo de estrés y vigilancia constante, por eso las pocas veces que no hubo conflicto eran una pequeña luz dentro del caos, momentos realmente maravillosos. En ese laboratorio descubrí que el Karate fue mi base de supervivencia, pero tuve que reformarlo a la mala. hubieron dos cosas que saque en limpio, la anticipación es fundamental, la anticipación a la intención antes que la acción, y el primer golpe es tu primer defensa. Además como dato, creo nunca aplique una posición clásica de karate (sanshin, neko etc) y las secuencies de golpes que tanto de entrenan en el dojo, de 3, 4 o mas técnicas no aplican generalmente, las patadas bajas no sirven solo de a una, con la adrenalina, el alcohol o las drogas el cuerpo no esta muy sensitivo y solo después de varias patadas a los muslos, la persona queda inhabilitada de movimiento, lo que si funciona con un solo golpe son: golpes al rostro, testículos y plexo (en mi experiencia), nunca di una patada giratoria o con salto (tobi geris) que tanto entrenábamos y así varias cosas que fui descartando de mis entrenamiento y otras tantas fui incluyendo.
La pelea real no es estética, no es agradable y no es bonita. Nadie te aplaude, nadie te da una medalla, y nadie espera a que descanses. Puedes terminar una pelea carnicera y, minutos después, tienes que seguir actuando en tu puesto como si nada, a pesar del agotamiento. Es un estrés asfixiante.
En ese metro y medio donde el movimiento es casi nulo, las posiciones rígidas del Dojo no funcionan, con jeans y zapatos, la rigidez se volvió flexibilidad y los golpes directos, circulares. En el cuerpo a cuerpo te agarran del cuello, de la solapa o te dan abrazos de oso. Cuando alguien saca un cuchillo para apuñalarte, no hay técnica de manual, no hay palanca, no hay toma de muñeca ni proyecciones sobre la cadera. Si hubiera intentado esas coreografías de salón, yo no estaría contando esto. La realidad es cruda: arrojar lo primero que encentres a mano a la cara del agresor como distractor, seguido de una patada o un empujón escalera abajo para desarmarlo y finiquitar.
Cuando rompen una botella frente a ti, solo queda la respuesta visceral: cabezazos a la nariz, pisotones a las rodillas, codos, una patada en los testículos o pescar una silla y reventársela en la cara al agresor. No hay más.
El Aislamiento y la Presión del Entorno
Vivir en ese mundo generó una contradicción dolorosa. De
noche estaba rodeado de cientos de personas; de día estaba completamente solo.
Esa soledad calaba hondo. Muchos de mis compañeros de entrenamiento y de
escuela de aquel entonces frecuentaban ese local porque sabían que yo trabajaba
ahí. Era una presión enorme y extraña: mientras todos ellos festejaban y se
divertían, yo estaba ahí, trabajando entre las sombras y el peligro. Aunque
alguna vez uno que otro me prestó ayuda en un altercado, la realidad era que yo
era el guardián de su diversión, exponiéndome mientras ellos disfrutaban. Yo
era el que ponía el cuerpo mientras ellos celebraban.
En medio de eso, hubo mujeres que se acercaron, amores
fortuitos que pudieron ser, pero me negué a todo. Me bloqueé. No era solo un
cierre emocional: estaba convencido de que no tenía un futuro próximo. Vivía
con la certeza de que, en cualquier momento, alguien me iba a matar por la
espalda o en una de esas peleas. Como no veía un mañana para mí, me negué a
crear vínculos amorosos. Mi espíritu se cerró para sobrevivir a esa espera de la
muerte, y vivía emocionalmente en un desierto.
La Pelea Campal y la Noche Oscura
Una noche, estando bajo los efectos del alcohol y la falsa invencibilidad, junto a "el Ninja" se inició una pelea absurda. Entré en una carnicería contra un tumulto de personas. Pateé caras hasta manchar mis zapatos de sangre, mis nudillos quedaron rotos, no se distinguió entre hombres, mujeres, cantineros o el que pasare por ahí, fue una carnicería, saltamos sobre las mesas, caíamos nos levantábamos, esquivamos puiños, botellas, sillas, fue una pelea campal, termino solamente cuando llego carabineros, después de soltarnos en la comisaria, al llegar a casa, me sentía podrido, con angustia, con una enorme vergüenza por lo sucedido, estaba psicoseado y me quería morir, literalmente si hubiese habido un botón para poder terminar con mi vida lo hubiese apretado. Fui visitado por demonios en mis sueños que intentaban arrastrarme. Tuve que librar un combate espiritual para que no me llevaran. Al despertar, comprendí que había tocado fondo, y comencé desesperadamente a buscar otros trabajos, pero no tenia éxito, además me di cuenta que mi dinero se volvía sal y agua, y apenas y sobrevivía, me di cuenta de la cruda realidad, ese lugar de trabajo que tenia me estaba consumiendo y me hacia terriblemente mal, un día de rodillas supliqué: "Basta, ya por favor... dioses, sáquenme de aquí".
El Rescate Providencial y el Testimonio
Pocos días después, ocurrió el rescate de los dioses. Un amigo que había conocido en un evento, al preguntarle si tenia algún dato de trabajo, me comento que el era supervisor en una empresa cárnica, y que me avisaría si podía conseguirme algo, yo, lo tome como un ofrecimiento de cortesía, a las semanas nos encontramos y me comento que me había conseguido una entrevista, para mi fue un salvavidas que los dioses me habían enviado, una alegría enorme se apodero de mi, lo salude y agradecí sinceramente, esa entrevista salió bien y me contrataron, al fin pude salir de aquel trabajo que si bien me enseño o yo aprendí enormes enseñanzas acerca de mi karate, de las personas, de las peleas, etc, pero ya era hora de abandonar la vida nocturna y los conflictos, además decidí amputar la amistad con "el Ninja", ya que debía tomar decisiones concisas, para cortar vínculos que de un tiempo a la fecha solo me traían conflictos y malos ratos, fue el precio para recuperar mi tranquilidad e integridad.
Escribo esto porque quiero dejar un testimonio fiel y una evidencia histórica. Mi Karate viene de la sangre y el miedo real. Deseo fervientemente que nunca ninguno de mis cercanos pase por lo que yo pasé, porque no fue simpático. Logré salir por factores providenciales y discernimiento. Si no hubiese sido por ese rescate, hoy estaría o muerto o perdido en el abismo. se que si alguno de los que me conocieron en esos tiempos, leen esto, darán testimonio de lo que cuento, o los amigos que aquí nombro, sabrán que me refiero a ellos.
Reflexión final
El entrenamiento en karate, muchas veces esta lleno de muchos supuestos, y creo que el tiempo, lo mas valioso que tenemos, no debemos desperdiciarlo en entrenamiento de supuestos, creo el karate (lo que yo creo por karate) debe ser entrenado y comprendido desde la base que el karate nació con la necesidad de la defensa, no de estética o espectacularidad, si bien intento siempre ser leal a la tradición y el mantenimiento del ARTE, no se debe perder en el show de las exhibiciones, torneos o técnicas superiores... todos los bloqueos, las posiciones etc, pasan de lo rígido y estructurado a lo que el cuerpo de forma natural adopta en situaciones de peligro, instinto y estrés, al que estemos expuestos
Hoy como profesor enseño lo que enseño porque es efectivo. Trato en lo posible de mantener un nivel técnico y atlético acorde a mi rango, pues no puedo pedirles a mis alumno que hagan algo que yo no puedo hacer, además no intento ostentar, impresionar o buscar el brillo. No tengo que rendirle cuentas a nadie ni tratar de sorprender; yo ya estoy curtido. Por eso, de repente, soy un Sensei relajado o falto de ese "brillo" comercial, porque mi Karate no es adorno, no es coreografía y no es para que se vea bien; es para que sea efectivo y sirva en situaciones reales con respecto a la efectividad y además y mas importante sirva y afecte de forma muy positiva en las vidas de mis preciados alumnos, pues el karate sin valores como; el respeto, el honor, la humildad y el coraje NO es karate, NO es un ARTE MARCIAL. Esta es mi verdad, y no pretendo que todos la compartan o aprueben. pero insisto que el karate tiene un fundamento y un propósito, por eso creo que NO todos pueden practicarlo o entenderlo, pues no todos están dispuestos a entregarse a un entrenamiento duro y exhaustivo hasta que comiencen a comprenderlo realmente. eso de que el karate también sirve para desestresar o la autosuperación es real, pero no es el objetivo, yo no puedo ascender a un alumno solo porque se esfuerza y se a superado en sus limitantes, el alumno tiene que aprender las materias tácticas, practicas y valóricas correspondientes, si quiere autosuperación, desestresarse o tener un desarrollo espiritual, que se inscriba en una escuela de desarrollo humano o haga yoga o algo similar. además no estoy de acuerdo en insistir en tratar de enseñar o que aprendan karate, personas con discapacidades físicas o mentales severas, al menos en mi persona no me encuentro capacitado para ello.
No puedo pensar de otra forma, con respecto al karate, en gran parte por las experiencias vividas que conté anteriormente, seguramente quede tosco, rudo o un tanto insensible a muchas cosas, creo que es como el soldado que vuelve de la guerra y ve a otros soldado jugando a la guerra es sus campañas de entrenamiento, el no puede ver ya esos entrenamientos sino como algo ficticio, pues el viene de otra realidad.
Todo lo anterior descrito, no es para pretender hacerme una imagen de super hombre, o un karateka experto en combate ni nada parecido, es solo el deseo de transmitir mi experiencia personal y dar a entender de alguna forma, el porque enseño y transmito mi forma de Karate, además que mi memoria es frágil y no quiero que estas experiencias que me costaron mucho, se pierdan en el tiempo, sin ser contadas
Escrito por: Sergio Pérez Toro


