Este blog es personal y los artículos y opiniones son apreciaciones propias, es para compartir con los lectores, puntos de vista, experiencias y sentires en este hermoso mundo del Karate-Do, además un punto de encuentro para mis Amigos, Alumnos y simpatizantes, ya que de seguro encontraran muchos temas en común que tenemos los Artistas Marciales y concretamente los Karatecas..."BIENVENIDOS TODOS LOS DE CORAZON PURO, BUENOS SENTIMIENTOS Y ESPIRITU FUERTE"

lunes, 18 de mayo de 2026

 

El Propósito y la Identidad del Estilo Kenshin Ryu

Por: Sensei Sergio Pérez Toro

El karate de la escuela Kenshin Ryu no se sostiene sobre modas pasajeras ni adaptaciones comerciales; se cimienta con firmeza sobre tres pilares inamovibles que equilibran la tradición, la efectividad y la evolución técnica. Nuestra meta final no es estandarizar a los practicantes ni competir por quién es el más fuerte, sino brindar un camino de desarrollo integral donde cada individuo avance de acuerdo con sus propias capacidades.

La Dualidad Fundamental: El Legado Ancestral y la Modernidad Combativa

Una de las características más profundas de nuestra escuela es la coexistencia de dos fuerzas que parecen opuestas, pero que en realidad se alimentan mutuamente: la tradición y la actualidad. En el Kenshin Ryu no renegamos jamás de nuestros orígenes; reconocemos con orgullo y nobleza de dónde venimos y quién nos formó.

  • La Raíz y el Respeto por los Ancestros: La base de este estilo proviene de una antigua y noble escuela: la Kenshin Kan de Chile, bajo la tutela de mi maestro, el Señor Eduardo Godoy Arteche, Cinturón Negro 8° Dan. De allí nace nuestra raíz. Es por este profundo respeto al linaje y a los antiguos maestros que las katas y sus aplicaciones tradicionales se mantienen y se defienden tal cual se me enseñaron. El estudio con la mayor profundidad posible de estas formas es nuestra manera de honrar el legado, la originalidad, la historia y la pureza del arte tradicional, el cual permanece intacto e inalterable en nuestras manos.

  • La Evolución en la Modernidad: A partir de esa sólida base tradicional, y sin corromperla, se entrelaza la modernidad. La estructura original fue modificándose y adaptándose de acuerdo con mis propias experiencias de vida, lo cual se ve reflejado de forma nítida y directa en nuestro sistema de combate actual. Nuestro combate responde a las dinámicas del presente, a la realidad de la calle y a la efectividad bajo presión, permitiendo que el estilo siga vivo, vigente y completamente funcional en el mundo de hoy.

Esta dualidad es la marca registrada de nuestro estilo: mantenemos el pasado intacto en la forma, pero respondemos al presente con un combate evolucionado.


Los Tres Pilares Fundamentales del Estilo

1. Kata y Bunkai: La Raíz Tradicional y Estructurada

Representa el núcleo donde se resguarda la parte tradicional, rígida y estructurada que define y marca plenamente al Karate-do como un arte formativo.

  • La Estructura Corporal: La rigidez y la exigencia en su ejecución técnica tienen como propósito forjar una estructura corporal sólida, desarrollar la biomeánica correcta y la estricta disciplina del movimiento. Es aquí donde el cuerpo aprende a generar potencia real a través del orden y la precisión, repitiendo una y otra vez hasta alcanzar la excelencia estética y artística del movimiento.

  • La Decodificación: El estudio riguroso del Bunkai permite al practicante entender el verdadero significado de la tradición, asegurando que la conexión con el linaje y la historia permanezcan intactas.

2. Defensa Personal: Aplicación Real e Interpretación Libre

Este pilar actúa como el puente de transición entre la estructura rígida de la forma y la imprevisibilidad de una agresión real.

  • El Desglosamiento Práctico: Nace directamente del entendimiento profundo de las aplicaciones de las katas, llevadas a escenarios dinámicos y de alto estrés. El practicante aprende a extraer las herramientas biomecánicas de la forma rígida para adaptarlas al caos de un enfrentamiento no cooperativo.

  • La Adaptabilidad: El estilo incorpora una interpretación libre y abierta de otras técnicas y metodologías que demuestren ser verdaderamente útiles para la preservación del individuo. Aquí no se busca el adorno ni la estética deportiva, sino la eficacia absoluta para repeler el peligro, resguardar la integridad física y asegurar la supervivencia.

3. Combate: El Laboratorio de la Eficacia

Es el espacio de validación técnica, física y mental del practicante de Kenshin Ryu. El combate es el escenario donde la teoría se convierte en experiencia viva.

  • Gestión del Estrés y Templanza: Aquí se aprende a gestionar el miedo en tiempo real, a templar el espíritu ante la presión y a aplicar la estrategia bajo un entorno de oposición real y contacto. Es el pilar que templa el carácter, forja la determinación y despoja al arte de cualquier ilusión teórica, enfrentando al practicante con la verdad del impacto y la resistencia.


Especialización versus Superficialidad

En el Kenshin Ryu rechazamos el aprendizaje superficial de las técnicas. El estilo está diseñado para que el practicante no se quede en la periferia de los tres pilares, sino que tenga la libertad de especializarse en aquello que resuene más profundamente con su naturaleza y sus condiciones particulares.

No pretendemos crear a las personas más fuertes del mundo de manera genérica; entendemos que cada estudiante posee un potencial único. Al permitir la especialización en la forma (Kata), en la resolución de conflictos urbanos (Defensa Personal) o en la estrategia y el contacto (Combate), garantizamos un aprendizaje significativo, maduro y respetuoso de la individualidad del artista marcial.


De la Línea de Grado a la Vida Diaria: La Extrapolación del Camino

La verdadera trascendencia del Kenshin Ryu ocurre cuando las vivencias del dōjō rompen las paredes del entrenamiento y se trasladan a la cotidianidad del estudiante. La rudeza del combate, la rigigorosidad del entrenamiento, la fortaleza física cultivada y el valor de intentarlo una y otra vez hasta que la técnica florezca en su aspecto más estético y artístico, no son fines en sí mismos. Son herramientas de templanza y forja espiritual.

Cuando un practicante experimenta la superación del cansancio y el dolor en el tatami, adquiere la resiliencia necesaria para afrontar los problemas económicos, familiares o laborales del día a día. Quien aprende a caer y levantarse bajo la presión del combate, aprende también a no doblegarse ante los golpes de la vida.

En última instancia, el Kenshin Ryu utiliza la vía marcial para devolver a la sociedad personas:

  • Con una salud robusta (física y mental) como base de la felicidad.

  • Con integridad y valores firmes para guiar sus acciones.

  • Con modales, respeto y humildad ante sus semejantes.

  • Dotadas de un honor enorme y una valentía inquebrantable para proclamar su propia identidad como individuos.

Ese equilibrio es el que permite construir una existencia auténtica, tranquila y en paz con el entorno.



sábado, 24 de enero de 2026

EL DESCUBRIMIENTO DE DOS VERDADES

 

EL LABORATORIO DE LA REALIDAD

​La Ironía del Inicio

En el año 2003-2004 aprox.  Mi vida giraba entorno al Karate; ostentaba un cinturón café. Pero la disciplina del tatami no me generaba dinero para subsistir. Estaba solo, sin apoyo y sin trabajo, un día en el dojo después de entrenamiento, me conto un compañero que necesitaban guardias de seguridad en un lugar nocturno, obviamente le preste atención y pedí los detalles para poder in a ver si obtenía trabajo. sin haber comido nada y sin descanso llegue al lugar, me presente y me contrataron esa misma noche, era una discoteca de no muy buena reputación en el centro de la ciudad (Pto. Montt). irónicamente el lugar que me enseñaba la paz me abrió la puerta a la violencia.

​No hubo tiempo para adaptaciones. Apenas a la cuarta o quinta noche de haber sido contratado, ocurrió lo que me marcaría para siempre. Mi puesto era un punto crítico: el descanso entre dos escaleras, una que subía (desde el acceso) y otra que continuaba hacia arriba (al piso del bar). Era un espacio reducido de apenas un metro por un metro y medio. Un embudo cuántico con poca luz, donde yo estaba literalmente expuesto al clima, esa noche yo venía del entrenamiento que había sido bastante duro, vestía jeans, zapatos, chompa y un abrigo largo, ropa que no siempre era cómoda para combatir. En esa estrechez y debilidad física, un hombre corpulento en estado de ebriedad intentó forzar su entrada. Aguanté insultos y denigraciones todo lo que pude, mi trabajo era simple pero a la vez muy complicado, cuidar el acceso al local y decidir quien entraba y quine no, pero ese hombre cuando me lanzó un escupitajo a la cara, la palabra murió. Me abrazó con fuerza animal, bloqueó mis brazos y ambos rodamos escalera abajo. En esa caída experimenté algo que nadie me enseñó en el Dojo: mis manos se sintieron de piedra y mis piernas de lana. Sentí un miedo profundo y náuseas biológicas. Por puro instinto de supervivencia, liberé una mano y le hundí los dedos en las cavidades oculares hasta sentir cómo las membranas y fluidos cedían. El hombre soltó un grito desgarrador de agonía pura. Se levantó como pudo y se perdió en la oscuridad. Me quedé solo, con el olor de sus fluidos en mis manos, mi empleador observo todo fríamente y las personas seguían llegando a la entrada, yo fingí que no había sido nada y seguí trabajando, pero mi sistema nervioso quedó marcado para siempre.

​El Samurái y el Ninja: Una Hermandad en el Caos

​En ese infierno trabajaba con un hermano de vida, un gran amigo y compañero de Karate. Éramos una "yunta" inseparable. A mí me decían "el Samurái": hablaba poco, actuaba más y nunca buscaba el conflicto; yo ponía la cara de frente, con integridad. Él era "el Ninja": su estilo era lo traicionero y sorpresivo; buscaba activamente la pelea. Por lealtad inquebrantable, yo terminaba siempre metido en sus batallas, defendiéndolo en conflictos que él mismo iniciaba.

​La Advertencia y la Trampa de la Vanidad

​Tras mis primeras intervenciones, un amigo me dio una advertencia que se grabó a fuego: "Ten cuidado Sergio, porque vas a ser como el perro que prueba sangre por primera vez; después se acostumbra y no la deja". Y así fue. Entró el veneno del ego y la falsa superioridad o seguridad. Me convertí en una especie de estrella de rock del submundo: mujeres, falsos amigos y tragos de cortesía. La vanidad me hizo creer que era alguien importante, cuando en realidad me estaba hundiendo en una decadencia que nublaba mi juicio.

​La Evolución Forzada: La Realidad Antiestética

​Durante casi dos años, la violencia fue mi sombra: tuve prácticamente todas las noches uno, dos o más atracos. creo que muchas veces, los clientes amigos o cercanos en ese local me veían como alguien invencible, porque afortunadamente muy pocas veces me tocaron siquiera en todos los altercados que hubieron, pero creo fue algo mas simple, lamentablemente me acostumbre a la violencia y normalicé el conflicto y me impregne en un mundo de estrés y vigilancia constante, por eso las pocas veces que no hubo conflicto eran una pequeña luz dentro del caos, momentos realmente maravillosos. En ese laboratorio descubrí que el Karate fue mi base de supervivencia, pero tuve que reformarlo a la mala. hubieron dos cosas que saque en limpio, la anticipación es fundamental, la anticipación a la intención antes que la acción, y el primer golpe es tu primer defensa. Además como dato, creo nunca aplique una posición clásica de karate (sanshin, neko etc) y las secuencies de golpes que tanto de entrenan en el dojo, de 3, 4 o mas técnicas no aplican generalmente, las patadas bajas no sirven solo de a una, con la adrenalina, el alcohol o las drogas el cuerpo no esta muy sensitivo y solo después de varias patadas a los muslos, la persona queda inhabilitada de movimiento, lo que si funciona con un solo golpe son: golpes al rostro, testículos y plexo (en mi experiencia), nunca di una patada giratoria o con salto (tobi geris) que tanto entrenábamos y así varias cosas que fui descartando de mis entrenamiento y otras tantas fui incluyendo.

​La pelea real no es estética, no es agradable y no es bonita. Nadie te aplaude, nadie te da una medalla, y nadie espera a que descanses. Puedes terminar una pelea carnicera y,  minutos después, tienes que seguir actuando en tu puesto como si nada, a pesar del agotamiento. Es un estrés asfixiante.

​En ese metro y medio donde el movimiento es casi nulo, las posiciones rígidas del Dojo no funcionan, con jeans y zapatos, la rigidez se volvió flexibilidad y los golpes directos, circulares. En el cuerpo a cuerpo te agarran del cuello, de la solapa o te dan abrazos de oso. Cuando alguien saca un cuchillo para apuñalarte, no hay técnica de manual, no hay palanca, no hay toma de muñeca ni proyecciones sobre la cadera. Si hubiera intentado esas coreografías de salón, yo no estaría contando esto. La realidad es cruda: arrojar lo primero que encentres a mano a la cara del agresor como distractor, seguido de una patada o un empujón escalera abajo para desarmarlo y finiquitar.

​Cuando rompen una botella frente a ti, solo queda la respuesta visceral: cabezazos a la nariz, pisotones a las rodillas, codos, una patada en los testículos o pescar una silla y reventársela en la cara al agresor. No hay más.

El Aislamiento y la Presión del Entorno

​Vivir en ese mundo generó una contradicción dolorosa. De noche estaba rodeado de cientos de personas; de día estaba completamente solo. Esa soledad calaba hondo. Muchos de mis compañeros de entrenamiento y de escuela de aquel entonces frecuentaban ese local porque sabían que yo trabajaba ahí. Era una presión enorme y extraña: mientras todos ellos festejaban y se divertían, yo estaba ahí, trabajando entre las sombras y el peligro. Aunque alguna vez uno que otro me prestó ayuda en un altercado, la realidad era que yo era el guardián de su diversión, exponiéndome mientras ellos disfrutaban. Yo era el que ponía el cuerpo mientras ellos celebraban.

​En medio de eso, hubo mujeres que se acercaron, amores fortuitos que pudieron ser, pero me negué a todo. Me bloqueé. No era solo un cierre emocional: estaba convencido de que no tenía un futuro próximo. Vivía con la certeza de que, en cualquier momento, alguien me iba a matar por la espalda o en una de esas peleas. Como no veía un mañana para mí, me negué a crear vínculos amorosos. Mi espíritu se cerró para sobrevivir a esa espera de la muerte, y vivía emocionalmente en un desierto.

​La Pelea Campal y la Noche Oscura

​Una noche, estando bajo los efectos del alcohol y la falsa invencibilidad, junto a "el Ninja" se inició una pelea absurda. Entré en una carnicería contra un tumulto de  personas. Pateé caras hasta manchar mis zapatos de sangre, mis nudillos quedaron rotos, no se distinguió entre hombres, mujeres, cantineros o el que pasare por ahí, fue una carnicería, saltamos sobre las mesas, caíamos nos levantábamos, esquivamos puiños, botellas, sillas, fue una pelea campal, termino solamente cuando llego carabineros, después de soltarnos en la comisaria, al llegar a casa, me sentía podrido, con angustia, con una enorme vergüenza por lo sucedido, estaba psicoseado y me quería morir, literalmente si hubiese habido un botón para poder terminar con mi vida lo hubiese apretado. Fui visitado por demonios en mis sueños que intentaban arrastrarme. Tuve que librar un combate espiritual para que no me llevaran. Al despertar, comprendí que había tocado fondo, y comencé desesperadamente a buscar otros trabajos, pero no tenia éxito, además me di cuenta que mi dinero se volvía sal y agua, y apenas y sobrevivía, me di cuenta de la cruda realidad, ese lugar de trabajo que tenia me estaba consumiendo y me hacia terriblemente mal, un día de rodillas supliqué: "Basta, ya por favor... dioses, sáquenme de aquí".

​El Rescate Providencial y el Testimonio

​Pocos días después, ocurrió el rescate de los dioses. Un amigo que había conocido en un evento, al preguntarle si tenia algún dato de trabajo, me comento que el era supervisor en una empresa cárnica, y que me avisaría si podía conseguirme algo, yo, lo tome como un ofrecimiento de cortesía, a las semanas nos encontramos y me comento que me había conseguido una entrevista, para mi fue un salvavidas que los dioses me habían enviado, una alegría enorme se apodero de mi, lo salude y agradecí sinceramente, esa entrevista salió bien y me contrataron, al fin pude salir de aquel trabajo que si bien me enseño o yo aprendí enormes enseñanzas acerca de mi karate, de las personas, de las peleas, etc, pero ya era hora de abandonar la vida nocturna y los conflictos, además decidí amputar la amistad con "el Ninja", ya que debía tomar decisiones concisas, para cortar vínculos que de un tiempo a la fecha solo me traían conflictos y malos ratos, fue el precio para recuperar mi tranquilidad e integridad.

​Escribo esto porque quiero dejar un testimonio fiel y una evidencia histórica. Mi Karate viene de la sangre y el miedo real. Deseo fervientemente que nunca ninguno de mis cercanos pase por lo que yo pasé, porque no fue simpático. Logré salir por factores providenciales y discernimiento. Si no hubiese sido por ese rescate, hoy estaría o muerto o perdido en el abismo. se que si alguno de los que me conocieron en esos tiempos, leen esto, darán testimonio de lo que cuento, o los amigos que aquí nombro, sabrán que me refiero a ellos.

Reflexión final

El entrenamiento en karate, muchas veces esta lleno de muchos supuestos, y creo que el tiempo, lo mas valioso que tenemos, no debemos desperdiciarlo en entrenamiento de supuestos, creo el karate (lo que yo creo por karate) debe ser entrenado y comprendido desde la base que el karate nació con la necesidad de la defensa, no de estética o espectacularidad, si bien intento siempre ser leal a la tradición y el mantenimiento del ARTE, no se debe perder en el show de las exhibiciones, torneos o técnicas superiores... todos los bloqueos, las posiciones etc, pasan de lo rígido y estructurado a lo que el cuerpo de forma natural adopta en situaciones de peligro, instinto y estrés, al que estemos expuestos

Hoy como profesor enseño lo que enseño porque es efectivo. Trato en lo posible de mantener  un nivel técnico y atlético acorde a mi rango, pues no puedo pedirles a mis alumno que hagan algo que yo no puedo hacer, además no intento ostentar, impresionar o buscar el brillo. No tengo que rendirle cuentas a nadie ni tratar de sorprender; yo ya estoy curtido. Por eso, de repente, soy un Sensei relajado o falto de ese "brillo" comercial, porque mi Karate no es adorno, no es coreografía y no es para que se vea bien; es para que sea efectivo y sirva en situaciones reales con respecto a la efectividad y además y mas importante sirva y afecte de forma muy positiva en las vidas de mis preciados alumnos, pues el karate sin valores como; el respeto, el honor, la humildad y el coraje NO es karate, NO es un ARTE MARCIAL. Esta es mi verdad, y no pretendo que todos la compartan o aprueben. pero insisto que el karate tiene un fundamento y un propósito, por eso creo que NO todos pueden practicarlo o entenderlo, pues no todos están dispuestos a entregarse a un entrenamiento duro y exhaustivo hasta que comiencen a comprenderlo realmente. eso de que el karate también sirve para desestresar o la autosuperación es real, pero no es el objetivo, yo no puedo ascender a un alumno solo porque se esfuerza y se a superado en sus limitantes, el alumno tiene que aprender las materias tácticas, practicas y valóricas correspondientes, si quiere autosuperación, desestresarse o tener un desarrollo espiritual, que se inscriba en una escuela de desarrollo humano o haga yoga o algo similar. además no estoy de acuerdo en insistir en tratar de enseñar o que aprendan karate, personas con discapacidades físicas o mentales severas, al menos en mi persona no me encuentro capacitado para ello.

No puedo pensar de otra forma, con respecto al karate, en gran parte por las experiencias vividas que conté anteriormente, seguramente quede tosco, rudo o un tanto insensible a muchas cosas, creo que es como  el soldado que vuelve de la guerra y ve a otros soldado jugando a la guerra es sus campañas de entrenamiento, el no puede ver ya esos entrenamientos sino como algo ficticio, pues el viene de otra realidad.

Todo lo anterior descrito, no es para pretender hacerme una imagen de super hombre, o un karateka experto en combate ni nada parecido, es solo el deseo de transmitir mi experiencia personal y dar a entender de alguna forma, el porque enseño y transmito mi forma de Karate, además que mi memoria es frágil y no quiero que estas experiencias que me costaron mucho, se pierdan en el tiempo, sin ser contadas

Escrito por: Sergio Pérez Toro



martes, 6 de enero de 2026

Encuentro Inter-Estilos año 2025

 Encuentro Inter-Estilos en San Jose dela Mariquina, año 2025,

Después de varios años, se pudo realizar un evento Inter-estilos en la comuna, esta vez a cargo del Dojo Kenshin SJM,





Encuentros Inter-Estilos en Pto Montt

 

 La Historia de los Encuentros Inter-Estilos en Puerto Montt: "Hechos, No Palabras"

​En la historia de las artes marciales en Puerto Montt, existe un capítulo fundamental escrito por la Escuela de Karate Ken Bushikari. Entre los años 2013 y 2017, esta escuela protagonizó un hito de integración genuina, logrando congregar a exponentes de Karate, Kung Fu, MMA, Kickboxing, Kakuto, Jiu jitsu, Muay thai y Ninjutsu

​Una Visión Sin Fronteras: El Legado de los Hermanos Pérez Toro

​Este proyecto nació de la mentalidad abierta y visionaria del Sensei Sergio Pérez Toro, creador de estos encuentros, quien siempre ha sostenido que las artes marciales no deben limitarse por etiquetas o estilos cerrados. Para él, la disciplina es un camino de crecimiento que trasciende si un estilo "hace esto" o "el otro hace aquello".

​Bajo la premisa de que la unión hace la fuerza, el Sensei Sergio, junto a su hermano Boris Pérez Toro, realizaron un trabajo de gestión personal y admirable, visitaron personalmente diferentes escuelas, y entregaron cartas formales en mano a cada instructor, además explicaron cara a cara la metodología de combate y respondieron cada duda para asegurar que el margen deportivo fuera siempre la prioridad.

"Hechos, No Palabras"

​La filosofía detrás de estos cinco años de encuentros fue simple pero profunda. El Sensei Sergio siempre ha impulsado una visión donde la autocomplacencia no tiene lugar: si dices ser un buen combatiente o ser fuerte, demuéstralo en el tatami, no solo con palabras. Esta mentalidad de "hechos, no palabras" fue la que atrajo a tantos maestros, eliminando los egos y centrando la atención en la eficacia y la hermandad marcial.

Lo que comenzó como una búsqueda de la esencia pura, donde los combates eran sin reloj y con tiempo ilimitado, donde siempre solamente han importado los dos contendientes, que intentan poner a prueba su entrenamiento e intentan hacer lo mejor posible para auto-representarse al igual que su escuela o estilo, evolucionó hacia un formato mas estructurado y seguro. Gracias a la credibilidad de los hermanos Pérez Toro, y su escuela se logró implementar un reglamento para garantizar la integridad de todos.

​Hoy, la veracidad de estos encuentros permanece intacta. Los registros en YouTube y redes sociales son el testimonio fiel de combates intensos pero controlados, donde el respeto fue siempre el protagonista. El Dojo Ken Bushikari sigue siendo, hasta la fecha, el único que ha logrado romper las barreras entre estilos en la zona, dejando un legado de unidad que sigue inspirando a las nuevas generaciones de artistas marciales en Puerto Montt.

​Reflexión Personal: El Tatami como Espejo de la Verdad

​Más allá de la técnica y el reglamento, lo que más me marcó de estos cinco años fue la profunda lección de humildad que nos brindó cada encuentro. Tuve la oportunidad de observar cómo el tatami se encargaba de poner a cada quien en su lugar, rompiendo prejuicios en cuestión de segundos.

​Vi llegar a muchos con actitudes que, en un principio, no parecían muy deportivas; hombres de gran musculatura, miradas imponentes y una presencia que desbordaba agresividad. Sin embargo, al momento de la verdad, resultaba que esa "rudeza" era más visual que real. Por otro lado, vi llegar a practicantes humildes, de perfil bajo, que entraban en silencio y casi pasaban desapercibidos. Pero, una vez que comenzaba el combate, esos mismos alumnos tranquilos resultaban ser guerreros aguerridos, con un gran espíritu de lucha.

​Fue un proceso hermoso de admiración y sorpresa mutua. Aprendimos que el verdadero poder no necesita publicidad y que, tras el combate, cualquier actitud prepotente se transformaba en un abrazo de respeto. Salimos de ahí entendiendo que el guerrero más fuerte suele ser el más sencillo. igualmente sorprendido que varios de los que se enfrentaros, después terminaron estableciendo una amistad, que dura hasta los días de hoy.

aquí dejare los link para que puedan ver los resúmenes de los combates, agrupados por años... 

                                                                           año 2013


                                                                        año 2014



año 2015



año 2016





Constancia y Disciplina, un camino difícil y solitario

Una profunda convicción. Sensei Sergio Pérez Toro entiende de primera mano que el trabajo físico fuerte y constante genera una metamorfosis que se mueve desde lo físico a lo trascendental: El esfuerzo y el sudor de un entrenamiento disciplinado y fuerte se transmutan progresivamente en un cambio a nivel emocional, que posteriormente te lleva a una reafirmación mental y, finalmente, a una evolución espiritual.

Gracias a esta intensa experiencia personal de transmutación, Él entiende perfectamente los cambios internos que experimenta el practicante. Por ello, el Sensei se dio cuenta de que los "seres oscuros" (como él los llama) o la "baja energía" siempre están presentes, poniendo trabas sutiles para que uno no asista a entrenar o no haga algo bueno con su cuerpo y su vida. Estos seres actúan sabiendo que el entrenamiento convierte a la persona en alguien fuerte, lo cual crea una capa protectora energética y un blindaje mental/emocional, entonces el afirma que al enfrentar y superar constantemente estas barreras uno indudablemente crece y se fortalece,   comprendió que la disciplina es la única defensa, y que el principal trabajo del karateca es superar esa resistencia invisible y así poder continuar, y así, algún día poder iluminarse.

Él sabe que ser un guardián del estilo es un trabajo muchas veces solitario, ingrato y muy difícil, a pesar de su compromiso, el Sensei ha visto cómo, con el paso de los años, casi la totalidad de sus compañeros de entrenamiento de antaño han dejado la práctica, y muy pocos mantienen escuelas o un contacto directo y constante con el Karate.

La Inevitable Disonancia del Sacrificio: durante su juventud, supero muchos obstáculos para poder costear primeramente su propia existencia (vivienda, alimentación, vestuario etc) y por supuesto su gran motivación, su karate (mensualidades y ascensos), en esos tiempos, muchas veces sin dinero, con alimentaciones precarias, arrendando pequeñas viviendas (piezas), muchas veces caminando grandes distancias, con lesiones, con enfermedades, con desánimos, en solitarios muchas veces (su familia directa vivía en otras ciudades) y acomodando sus trabajos a sus horarios de entrenamientos, forjo sin buscarlo una constante y una disciplina. fue Por haber superado esa resistencia muchas veces en su juventud, que el no puede ver el mundo de otra forma: él no puede esperar menos de sus alumnos. Cuando algunos de ellos le salen con excusas como "no tengo dinero para la mensualidad", "vivo lejos", "estoy un poco resfriado", "está lloviendo" o "hace frío", él no les dice nada, pero en el fondo no los entiende. Sabe que el pasó por esas mismas situaciones y lo hizo de igual forma. Es esta superación personal la que establece su estándar, haciendo que sus alumnos a veces lo perciban como demasiado riguroso o estricto, sin comprender que su exigencia nace de un camino personal ya conquistado. 

Él entiende que las únicas razones para faltar son las excepciones (una lesión grave, el funeral de un familiar o un reencuentro muy especial etc.). Las personas que logran reponerse a las trabas cotidianas son las que perduran, y las que no, son las que inevitablemente quedan en el camino.

 El Sensei Sergio reconoce que por sus escuelas han pasado innumerables personas que llegaron con entusiasmo, algunos alcanzaron grados intermedios, otros solo duraron meses o un año, lo que le ha enseñado que el camino no es para todos. No obstante, esto solo ha reafirmado su decisión de mantenerse firme, conservando el espíritu del estilo y manteniendo una actitud de perseverancia.

 Mantener la disciplina es un reto que trasciende lo físico; es una batalla mental constante. 

​por eso discrepa con esa frase que muchas veces escucha o lee por ahi: el karate es para todos, todos lo pueden practicar...

El dice: NO, el karate no es para todos, y puede que la gran mayoría (sin tener una discapacidad severa en lo físico o mental obviamente) puedan practicar o intentar practicar karate, pero no todos van a seguir, de hecho la gran mayoría no vana  seguir...

...Constancia y Disciplina, un camino difícil y muchas veces solitario