Una profunda convicción. Sensei Sergio Pérez Toro entiende de primera mano que el trabajo físico fuerte y constante genera una
metamorfosis que se mueve desde lo físico a lo trascendental: El esfuerzo y el
sudor de un entrenamiento disciplinado y fuerte se transmutan progresivamente
en un cambio a nivel emocional, que posteriormente te lleva a una reafirmación
mental y, finalmente, a una evolución espiritual.
Gracias a esta intensa experiencia personal de
transmutación, Él entiende perfectamente los cambios internos que experimenta
el practicante. Por ello, el Sensei se dio cuenta de que los "seres
oscuros" (como él los llama) o la "baja energía" siempre están
presentes, poniendo trabas sutiles para que uno no asista a entrenar o no haga
algo bueno con su cuerpo y su vida. Estos seres actúan sabiendo que el
entrenamiento convierte a la persona en alguien fuerte, lo cual crea una capa
protectora energética y un blindaje mental/emocional, entonces el afirma que al
enfrentar y superar constantemente estas barreras uno indudablemente crece y se
fortalece, comprendió que la disciplina es la única
defensa, y que el principal trabajo del karateca es superar esa resistencia
invisible y así poder continuar, y así, algún día poder iluminarse.
Él sabe que ser un guardián del estilo es un trabajo muchas
veces solitario, ingrato y muy difícil, a pesar de su compromiso, el Sensei ha
visto cómo, con el paso de los años, casi la totalidad de sus compañeros de
entrenamiento de antaño han dejado la práctica, y muy pocos mantienen escuelas
o un contacto directo y constante con el Karate.
La Inevitable Disonancia del Sacrificio: durante su juventud, supero muchos obstáculos para poder costear primeramente su propia existencia (vivienda, alimentación, vestuario etc) y por supuesto su gran motivación, su karate (mensualidades y ascensos), en esos tiempos, muchas veces sin dinero, con alimentaciones precarias, arrendando pequeñas viviendas (piezas), muchas veces caminando grandes distancias, con lesiones, con enfermedades, con desánimos, en solitarios muchas veces (su familia directa vivía en otras ciudades) y acomodando sus trabajos a sus horarios de entrenamientos, forjo sin buscarlo una constante y una disciplina. fue Por haber superado esa resistencia muchas veces en su juventud, que el no puede ver el mundo de otra forma: él no puede esperar menos de sus alumnos. Cuando algunos de ellos le salen con excusas como "no tengo dinero para la mensualidad", "vivo lejos", "estoy un poco resfriado", "está lloviendo" o "hace frío", él no les dice nada, pero en el fondo no los entiende. Sabe que el pasó por esas mismas situaciones y lo hizo de igual forma. Es esta superación personal la que establece su estándar, haciendo que sus alumnos a veces lo perciban como demasiado riguroso o estricto, sin comprender que su exigencia nace de un camino personal ya conquistado.
Él entiende que las únicas razones para faltar son las
excepciones (una lesión grave, el funeral de un familiar o un reencuentro muy
especial etc.). Las personas que logran reponerse a las trabas cotidianas son las
que perduran, y las que no, son las que inevitablemente quedan en el camino.
por eso discrepa con esa frase que muchas veces escucha o lee por ahi: el karate es para todos, todos lo pueden practicar...
El dice: NO, el karate no es para todos, y puede que la gran mayoría (sin tener una discapacidad severa en lo físico o mental obviamente) puedan practicar o intentar practicar karate, pero no todos van a seguir, de hecho la gran mayoría no vana seguir...
...Constancia y Disciplina, un camino difícil y muchas veces solitario

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