PÉRDIDA DE MEMORIA CATASTRÓFICA EN EL KARATE: RECLAMANDO LA VERDAD DEL ARTE
FRENTE AL SHOW Y LA DEPORTIVIZACIÓN
«Somos lo que practicamos. Si durante años entrenamos únicamente para
marcar un punto en un torneo, el día en que la violencia real golpee a nuestra
puerta, el cuerpo responderá con la misma ilusión deportiva, descubriendo
demasiado tarde que la calle no tiene reglamento.»
La Masificación y la Ilusión del
Arte
Hoy en día presenciamos una expansión masiva del Karate. Existen escuelas en
cada esquina, dojos abarrotados de alumnos y una maquinaria enfocada casi
exclusivamente en la alta competencia, los torneos, las medallas y el show
deportivo. Se ha instalado la falsa idea de que "mientras más
campeonatos ganaste, mejor eres", lo cual es un absoluto absurdo. Un
trofeo no equivale a la capacidad de sobrevivir a una agresión real.
Esta vorágine por masificar el entrenamiento ha traído consigo una
consecuencia devastadora: una pérdida de memoria catastrófica de lo que
realmente es el Karate-do. En el intento de volverlo accesible y
comerciable para las grandes masas, se ha borrado la esencia fundamental del
arte: la autoprotección pragmática y la preservación de la vida.
El Quiebre Histórico: Del Pragmatismo Okinawense a la Estética Japonesa
Para comprender cómo llegamos a esta realidad, es indispensable mirar hacia
el pasado. Cuando los llamados "padres" o fundadores del Karate
llevaron las técnicas desde Okinawa hacia la isla principal de Japón, el arte
sufrió un saneamiento radical:
·
Purga del arsenal nocivo: Los maestros
despojaron al Karate de todo lo letal, de todo lo que no era estético y de todo
lo que para ellos resultaba políticamente incorrecto.
·
Transformación escolar y espiritual: El
objetivo no era mantener un sistema de supervivencia, sino introducirlo en los
colegios como un método de educación física, desarrollo espiritual y superación
personal.
·
Estructura y rigidez: Como buenos
japoneses, lo transformaron rápidamente en un "arte" rodeado de
normas, saludos estrictos, vestimenta uniforme y posiciones estáticas y
rígidas.
·
La metodología del "bloque de
dominó": Se empezó a enseñar de forma estandarizada, donde todos los
alumnos se mueven exactamente igual, perdiendo el dinamismo, la fluidez y la
adaptabilidad que el Karate tuvo en sus orígenes.
Lamentablemente, el Karate que se enseña hoy en la mayoría de las escuelas no
representa ni un décimo (1/10) de lo que el arte realmente abarca. Nació
por la necesidad imperiosa de defenderse, no para marcar puntos, ni para lucir
estético, ni para seguir patrones rígidos.
El Arsenal Olvidado
¿Por qué la mayoría de las escuelas no enseñan este repertorio? Porque está
prohibido en los reglamentos deportivos y no sirve para ganar copas. Al no
practicarlo, la memoria motriz se pierde. El arsenal que la despartidización
borró incluye:
·
Piquetes de dedos a los ojos y pellizcos
tácticos en zonas sensibles.
·
Cabezazos directos a la nariz y golpes de codo o
rodilla al rostro a corta distancia.
·
Aplastamiento de articulaciones y doblar o
romper los dedos de la mano para liberarse.
·
Derribos bruscos, pisotones a la cabeza en el
suelo y remates inmediatos.
Si el entrenamiento se limita a marcar toques suaves y solo practicar lo
puntuable o lo reglamentado, el cuerpo reaccionará de esa misma forma en la
calle. Somos lo que practicamos.
"El Karate No Es para
Todos": La Falacia de la Inclusión Forzada y el Parakarate
Existe una frase muy popular que no comparto: "El Karate es para
todos, todos pueden practicar Karate". Esta afirmación pasa por alto
la naturaleza misma de nuestra disciplina.
Para entender esto, basta hacer una comparación simple: si fuéramos
filósofos, solo necesitaríamos el cerebro, los ojos para leer textos antiguos y
la boca para debatir. Un filósofo puede ejercer su disciplina de manera
completa aun estando postrado en una silla de ruedas. Pero el Karate no es
filosofía abstracta; el Karate se ejecuta con todo el cuerpo.
Por esta razón, mantengo una postura clara respecto al Parakarate y
la inclusión forzada impulsada por agendas políticas:
·
Adaptación real en el dōjō vs. Show
mediático: En mi propia escuela he tenido alumnos con pequeñas
discapacidades físicas, y he adaptado los ejercicios para que el resto de su
estructura funcione bien. Eso es trabajo honesto y personalizado.
·
La injusticia de la competencia paramarcial:
Pretender que una persona en silla de ruedas o con amputaciones graves
participe en competencias marciales y llamarlo "Karate normal" es
falso. No es justo para esa persona, a quien se le expone como parte de un show
mediático e inclusivo; y tampoco es justo para los practicantes que pasan años
sudando, sacrificándose y desgastando su cuerpo para dominar la biomecánica de
un kata o la efectividad de una técnica real.
El Karate exige un sacrificio físico y mental completo. No todos están dispuestos a entregar lo que el Karate exige, porque no todos tienen la capacidad o la convicción de encarar este rigor.
Pero igualmente, creo que si se puede enseñar a alguien por ejemplo en silla de ruedas, algo de cultura marcial, algunas llaves o palancas que pudiesen aplicar en su condición, o enseñar a dar puñetazos y codazos contundentes, o con las formas de las manos, porque no? claro que si se podría, pero como algunas clases especiales o tipo taller, porque no? ... pero de ahí a tenerlo en las filas o graduarlos, yo no lo haría o quizás algún sensei que tenga los estudios, capacidades y vocación que se dedique a ese tipo de enseñanzas especiales, porque no?
Reflexión Final: El Valor del
Sacrificio
Recuperar la memoria del Karate no significa considerarse superior a nadie,
sino aplicar el sentido común y el raciocinio sobre los orígenes de este arte.
El Karate no nació para ser un espectáculo de masas ni una plataforma de
inclusión política. Nació como un recurso extremo de autoprotección que exige
entrega total. Solo cuando el practicante está dispuesto a sacrificar tiempo,
sudor y esfuerzo sin buscar el aplauso fácil, es cuando el Karate le devuelve
mucho más de lo que entregó, preservando viva la verdad de su legado.
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